¿PORQUÉ CERRÓ EL COLEGIO SPENCER?
Por: Yadira Castellón Sarria
San Salvador, septiembre de 2019.
Para comenzar, el colegio surgió, como la mayoría de las empresas, de un sueño, en este caso, de una jovencita que recién había regresado de los Estados Unidos, donde cursó estudios comerciales, que la convirtieron en Secretaria Ejecutiva Bilingüe. Había comenzado a trabajar en el Banco Central de Reserva de Nicaragua, como Secretaria Bilingüe inglés-español, cuando su sueño de crear el mejor colegio para formación secretarial bilingüe comenzó a tomar forma. La calidad de su trabajo en ambos idiomas, inglés y español, fue apreciada y reconocida por sus jefes, y ella concluyó que probablemente, su preparación la ponía en ventaja con la mayoría de las secretarias del banco, quienes no habían tenido la oportunidad de tener una preparación de calidad.

En septiembre de 1973, la Sra. Yolanda de Galo abrió las puertas de su anhelado colegio, quien ya había procreado con su esposo, una niña y dos varones, los que habrían continuado su obra, pero, la Guerra Civil planteó muchos riesgos para sus hijos y ella, con su esposo, decidieron sacarlos del país.

Como resultado, los hijos hicieron su vida fuera y no regresaron a El Salvador, y, como sucede en la mayoría de las empresas familiares que nacen de sueños, que se desarrollan con esfuerzos y sacrificios, y que construyen valores inquebrantables, dependen del relevo generacional de los hijos para que continúen. Pero, en las empresas que no tienen ese relevo generacional, los fundadores envejecen, y eventualmente deben retirarse.

Yo me uní al colegio en 1981, cuando el colegio comenzó su octavo año de funcionamiento, y de alguna forma, llené, hasta el año 2017, el vacío de ese relevo de generación, pero también comencé mi propio proceso de envejecimiento, y también mi salud se quebrantó, y debía retirarme. Sin embargo, contribuí siempre a fortalecer los valores del colegio, el que cerré con dignidad, cerré un colegio único, con la calidad, la disciplina y la originalidad de sus planes de estudio y actividades competentes, y cuidé de los derechos de cada uno de los empleados, quienes me acompañaron con cariño hasta el final.

No todo fue cuestión de envejecimiento o salud, la situación del país de los últimos años lastimó al colegio, como a muchísimas empresas de todo tipo, entre ellas más de cuatrocientos centros educativos que también tuvieron que cerrar, pero, gracias a Dios, el Colegio Spencer se mantuvo bendecido y a salvo de violencia, hasta el último día.

Hoy día, tanto la Sra. de Galo como yo, gozamos de relativa buena salud, y envejecemos como Dios manda, satisfechas ambas del servicio que prestamos a la comunidad educativa Spencer, a lo largo de sus cuarenta y cuatro años de orgullosa labor.